¿TE DEJAS QUERER?

¡Eh, tú!

¿Qué te pasa que no terminas de aceptar el afecto de los demás?

Quizás pienses:

          Que no lo necesitas

          Que no lo mereces

          Que no es sincero

          Que te hace vulnerable

          Te asusta lo que sientes

          Te hace sentir incómodo porque no estás acostumbrado

          Tienes miedo de que te guste y luego no puedas pasar sin ello, etc.

La lucha interna suele estar en dos frentes: contra los sentimientos de uno mismo y contra los de la otra persona.

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CUANDO NO ME SIENTO “A LA ALTURA”

Imagínate que estas en la orilla de la playa con una persona que no está “a tu altura”, sino que está más alta que tú.

¿Qué significa para nosotros estar “por debajo de la altura” de otros?

a) Un dato.

b) Una mala noticia que nos hace sufrir.

Imagina que estamos en el segundo caso ¿Cuál sería la forma de nivelaros para acabar con el sufrimiento de la comparación?  Se me ocurren dos formas:

1.- Podrías alzarte de puntillas.

2.- Podrías apoyarte o tirar de ella hacia abajo para hundirle en la arena de manera que ganarías unos cuantos centímetros. ¡Podrías incluso terminar siendo más alto tú!

¿Qué repercusiones tiene nivelarse de éste modo?

          Si le hundimos, le hacemos sufrir una carga extra al otro, terminamos por ocasionarle un daño, y siempre sabremos cuál es en realidad su altura, aunque la neguemos.

          Si nos ponemos de puntillas, y nos mantenemos así un tiempo,  sometemos a nuestro cuerpo a una tensión que nos llevará al agotamiento.

¿En qué momentos de la vida no te sientes a la altura de los demás?

¿Qué estrategias utilizas para nivelarte?

¿Te comparas con frecuencia?, ¿por qué lo haces?

¿Es posible no estar a la misma altura y, aun así,  que esto no suponga ningún problema?

¿En qué situaciones sí supone un problema?

¿Qué precio haces pagar a los demás o a ti mismo por este motivo?

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EL ROCE ¿HACE EL CARIÑO… O EL DESGASTE?

Y fueron felices para siempre…”COLORÍN COLORADO, ESTE CUENTO SE HA ACABADO.

La expectativa de “eterno” la tenemos todos, y en base a ello tomamos decisiones como: casarnos, tener hijos o pagar una hipoteca a 30 años (no sé qué te compromete más) Cuando creces te das cuenta de que para siempre es mucho tiempo.

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No solo no tengo trabajo, es que además me siento…

En mi opinión personal (por experiencia propia de desempleada) y profesional (por lo que he observado en mi trabajo con desempleados), hay varios sentimientos asociados al desempleo: culpabilidad, culpabilización, ansiedad, tristeza, vergüenza, aislamiento, apatía… Saber que la búsqueda de empleo es una carrera de fondo y no de velocidad, y prepararse para esa carrera como hacen los deportistas olimpicos (con el éxito como meta), me parece fundamental.

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