GESTIÓN EMOCIONAL: ANSIEDAD VS. ACEPTACIÓN (3/9)

3º FRENO: LA ANSIEDAD

La ansiedad es una reacción defensiva ante situaciones nuevas que nos producen miedo o incertidumbre. La tensión es una respuesta normal, sana y adaptativa ante situaciones realmente peligrosas, ya que estimula todos mis recursos físicos y los pone al 100% al servicio de la consecución de mis objetivos.

La mayor o menor ansiedad ante la misma situación, la produce la interpretación que yo haga de la situación, de los recursos y de la confianza que tenga en mi capacidad para hacerle frente con éxito.

Entre dos personas que se encuentren en la misma situación, tendrá más ansiedad aquella que crea que su problema tiene difícil o ninguna solución. Las creencias, por tanto, juegan un papel muy importante en el éxito o el fracaso de una misión.

sintomas ansiedad

Cuando el nivel de ansiedad es excesivo o se mantiene en el tiempo por causas no objetivas, el efecto es devastador para el ser humano.

Cualquier situación de estrés posee 3 fases claramente diferenciadas: fase de alarma, fase de resistencia y fase de agotamiento. Llegados a éste último punto sobreviene la depresión o la muerte.

Un nivel de ansiedad excesivo me paraliza, me bloquea, va en contra de mis intereses y de mi mismo.

Un mecanismo de defensa habitual ante situaciones de ansiedad es interpretar sus síntomas (mareos, taquicardia, angustia, etc.) como una señal de alarma que me dice que esta situación me supera y que debo de “escapar de ella” lo antes posible.

Escapar, a veces me resuelve el problema y otras me lo agrava. “¿Puedo huir y cambiar mi residencia a otra zona donde no haya peligro de volcanes en erupción?” Probablemente sí, “¿Puedo escapar de trabajar?”, “¿Puedo dejar de relacionarme con otras personas para el resto de mis días?”. La respuesta más probable es NO, hacerlo solo me está ocasionando problemas mayores.
EMOCIÓN PALANCA: ACEPTACIÓN

Para superar la ansiedad propia de la iniciación de una actividad nueva, lo mejor es valorar como normal la ansiedad experimentada y no darle importancia diciéndose cosas positivas como “estoy aprendiendo, poco a poco me iré acostumbrando a esta situación, estaré cada vez más tranquilo y seguro de mi mismo”.

Una vez que la ansiedad disminuya valorar como positiva su acción en nuestro rendimiento. “Esta tensión me mantiene activo, alerta, consciente…”

Con tensión o sin ella, no renunciar a hacer las cosas que tienes que hacer, porque así lo has decidido. Las conductas de evitación enquistan y cronifican los síntomas.

Poner empeño en nuestras fortalezas para minimizar nuestras debilidades (quizás no tenga destreza hablando, pero sí demostrando, quizás no sea especialmente guapo, pero sí simpático y agradable, quizás no sea listo pero sí metódico y voluntarioso”)

No existe ninguna novedad, que pasado un tiempo, no deje de ser novedad. No hay ninguna tarea que, repetida en el tiempo, no se termine por mejorar. La ansiedad se terminará yendo por donde ha venido si sigo hacia delante.

Si los procesos de ansiedad se repiten muy a menudo, a pesar de que la situación deja de ser novedosa, hay que consultar con un especialista para revisar nuestro sistema de creencias, ver que las mantiene, aprender técnicas de relajación y control mental.

La ciencia está para eso, para hacer uso de ella cuando hace falta. Sensato es aquel que sabe pedir ayuda cuando está en disposición de ello.

¿POR QUÉ LA MEJOR MANERA DE NO VERTER LA SOPA DEL PLATO, CUANDO LA LLEVAS A LA MESA, ES MIRAR AL FRENTE?

Estando en un buffet, me disponía a llevar el plato de sopa a la mesa, caminaba despacito, mirando el plato y haciendo equilibrios para que no se derramara ni una gota. Entonces, una camarera me dijo: “No mires al plato, mira al frente o se te caerá”.  Desde entonces, soy la “experta transporta-sopas” de mi casa.

Los equilibristas que caminan por una cuerda floja también lo hacen mirando al frente y llevan un gran palo en las dos manos intentando mantenerlo recto. Algunos se atreven incluso a hacerlo montados en bicicleta, como es el caso de Nik Wallenda (2008)

cuerda floja

¿Tendrá esto alguna similitud con la posibilidad de mantener el equilibrio emocional en la vida?

El desequilibrio provoca malestar y enfermedad. Algunos expertos sostienen que el 80-90% de las enfermedades físicas son inducidas por la mente y las emociones.

Algunas personas buscan el equilibrio emocional en la meditación, otros en la amistad, algunos en la alimentación y el deporte sano, otros en su Fe. Donde todos sabemos que perdemos el equilibrio es en las situaciones de estrés y depresión.

Cuando pregunto a los alumn@s cuál creen que es el mayor tesoro que tienen en sus vidas, lo que más temerían perder y con lo que más disfrutan también, muchos contestan: la salud, mis hijos, mi pareja, mis padres, mi casa, mi trabajo,… siendo así, mirarán “su sopa” con la intención de no derramarla, pero quizás por eso mismo, pierdan el equilibrio que necesitan para mantenerla en el plato.

¿Qué dimensiones deberíamos atender para mantenernos en perfecto equilibrio?  

Os propongo 4: física, mental, socioemocional y espiritual; y un momento perfecto para comenzar a cuidarnos, de ahora y en adelante.

  1. Cuida tu cuerpo de forma saludable: aseo, alimentación, descanso, dieta, imagen, …
  2. Cuida tu mente: lee, conversa, reflexiona, aprende, emprende proyectos, …
  3. Cuida tu vida social: empatiza, colabora, negocia, comunícate, expresa cariño…
  4. Cuida tu dimensión espiritual: encuentra significado a tu vida, contribuyendo al desarrollo de tu entorno y de las personas.

No busques la perfección, tan solo comprométete cada día en cuidar con un gesto cada una de las cuatro dimensiones, y hazlo de manera consciente.  

Es mucho más fácil de lo que parece. Por ejemplo: date una ducha, toma una fruta junto a tu desayuno habitual, sube las escaleras del metro andando, lee un artículo, conversa con alguien nuevo, mira las nubes con atención y recicla los desperdicios de hoy. Y mañana… otro plan equilibrado.

Aprender a cuidarse uno mismo significa ad­quirir el hábito de ejercitar estas cuatro dimensiones de nuestra naturaleza de forma equilibrada, sabia, consistente y regular, día tras día.

Como diría mi amigo Ramón, lo importante no es si ya sabes que te convendría, sino si lo vas a hacer ¡Cuento contigo para hacer este mundo mejor!

¡QUIERO UNA VIDA SIN PROBLEMAS! ¿ACASO PUEDES ELEGIR?

Coach: ¿Qué sería de tu vida sin problemas de ninguna clase?

Coachee: “¡¡Una gozada!! ¿Dónde tengo que firmar para que me den una vida así? Yo quiero, quiero…sí, sí, ahora mismo, quiero una vida sin ningún tipo de problemas”.

Coach: ¿Querrías eso mismo para tus hijos?

Coachee: “Sí, sí, una vida estupenda y satisfactoria para ellos, sin dolor, sin preocupaciones, sin amargura, ¿dónde hay que firmar?”

Coach: ¿Cuándo he dicho yo que es lo mismo tener una vida sin problemas con una vida satisfactoria?

Coachee: Se supone que si tienes una vida sin problemas, será satisfactoria ¿o no?

Coach: ¿Supones o estás seguro de qué es así?

¿Revisamos tus creencias?

revisate

Tus creencias están condicionando tu vida presente. ¿Qué consecuencias tiene asociar problemas con infelicidad?

          – Si tengo un problema de algún tipo quiere decir que tengo una preocupación y eso me impide ser feliz.

         –  Si alguien que quiero tiene un problema, significa que a mí me afecta, luego yo tampoco puedo ser feliz.

          – Si en el mundo existen los problemas, el mundo no es un lugar para poder ser feliz.

¿Y si los problemas fueran simplemente circunstancias naturales e inevitables de la vida que nos permiten conocernos?

– Si tengo un problema, tengo la oportunidad de conocer el alcance de mis habilidades actuales para hacerlo frente, me da información sobre mí mismo, y sobre los demás, sobre lo que soy y sobre mi potencia

– Si alguien que quiero tiene un problema, le da la oportunidad de conocerse también, y del mismo modo a mí, en relación a lo que me hace pensar y sentir esa situación.

  Si en el mundo existen los problemas, nos da la oportunidad de conocer la capacidad humana para permitir que existan, se mantengan o desaparezcan como tales.

¿Es el autoconocimiento sufrimiento?… ¿Por qué habría de serlo?

“El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional” (Gautama Buda)

La persona que se conoce a sí misma, disfruta de algunas ventajas:

         –  Conoce sus puntos fuertes y débiles.

          – Puede utilizar estrategias o planes de acción para conseguir sus propósitos porque sabe el alcance de sus posibilidades.

          – Puesto que se descubre mejorando, sabe que ni él mismo sabe de lo que puede llegar a ser capaz.

          – Piensa:

o   “Si no sé de qué puedo ser capaz, puedo intentarlo”

o   “Si puedo intentarlo, puedo lograrlo”

o   “Si lo logro, siento orgullo de mí mismo. Me doy cuenta de que esto no es el final, es el principio de muchos otros logros.” 

          – Su autoconfianza crece con su autoconocimiento y autoestima.

¿De qué serías capaz si tuvieras mayor autoconfianza? ¿Podrías llegar a esa autoconfianza sin haber tenido nunca problemas?

¿Es la satisfacción una sensación relacionada con la necesidad cubierta o con la no necesidad?

¿Puede existir placer sin necesidad?

¿Quieres una vida sin problemas? Eso no es posible.

Ya que los tienes… vívelos de otro modo. Los problemas son naturales, inevitables, necesarios y muy posiblemente la entrada para muchas satisfacciones que te esperan en la vida.

Saludos.

¿POR QUÉ TE CONFORMAS? ATRÉVETE A CAMBIAR

“Si haces lo que siempre has hecho, nunca llegarás más allá de donde siempre has llegado”

Nunca cambiará tu vida si no cambias algo que haces a diario

Nos resistimos a cambiar porque hacerlo nos supone:

– Un esfuerzo extra
– Una posibilidad de fracaso
– Un factor disparador de ansiedad ante lo nuevo.

Cuando los cambios son pequeños y paulatinos, la resistencia a ellos es menor. Los cambios más drásticos suelen responder a situaciones muy concretas:

– Tocas fondo y te das cuenta de que o cambias o te juegas lo que más te importa en la vida
– La ilusión por alcanzar una meta es mayor que el esfuerzo que suponen hacer dichos cambios

Existen, innumerables beneficios que justifican hacer el esfuerzo de cambiar tus hábitos, cuanto más presente los tengas, más fuerza de voluntad tendrás para mantenerte constante:

Trata de colocar en un lugar visible las consecuencias positivas del esfuerzo que estas realizando, puedes utilizar imágenes, frases, músicas, recompensas, etc., que te lo recuerden.

Por ejemplo: “Gestionar mi tiempo en la agenda cada día, me sirve para:

Tener más probabilidades de éxito en la consecución de mi objetivo “X”
Llevar una vida más organizada y saludable
Ocupar tiempo diario en aquellas cosas que considero importantes para ser más feliz
No dilatar o retrasar más aquello que es necesario hacer aunque no sea agradable de realizar, etc.

Recuerda que tus nuevos hábitos han de responder a una estrategia previamente planificada, que responda a la consecución de un objetivo que mejore tu estado actual.

La energía y la alegría de lograr tus objetivos será siempre un compañero más amable en ese proceso, que la prohibición, la visualización de las consecuencias negativas o las autoregañinas en momentos de flaqueza.

No trates de hacer demasiados cambios a la vez, tampoco es necesario querer cambiarlo todo, un pequeño gesto diario, puede suponer un antes y un después en tu vida, por el tremendo efecto que produzca en ella.

¿Te atreves a cambiar?

¡¡¡REACCIONA A TIEMPO, Y MIRA POR TI!!!

Es muy difícil de admitir, sin perder la cabeza, que recibes castigo cuando lo que mereces es premio.

MALTRATADAS, VICTIMAS DE ACOSO LABORAL, VICTIMAS DE COMPAÑEROS TREPAS, DESPEDIDOS IMPROCEDENTEMENTE, MALTRATADOS POR SU PROPIA FAMILIA O POR LA POLÍTICA, ETC. Se sentirán identificados con este mensaje.

¿Quieres un consejo?:

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¡NECESITO UN EMPUJÓN…!

¿Quién no se ha sentido apático alguna vez?  ¿Y muchas veces?  Respondo afirmativamente a esa pregunta.

Nuestras propias expectativas son las que ocasionan principalmente ese desánimo:

–          Quiero un buen trabajo donde me sienta reconocido y seguro

–          Mantenerme en forma y guapo , a ser posible

–          Una imagen con estilo propio

–          Ser inteligente y creativo

–          Tener amigos

–          Que la vida en pareja me sonría

–          Que mis hijos estén perfectamente educados y encarrilados

–          Que mi casa brille de orden y limpieza

Sea como fuere, sigo en el mismo punto, girando como las moscas en círculos, lamentándome o evadiéndome para paliar el dolor del estancamiento. ¡Todo supone tanto esfuerzo!, y yo no tengo energía suficiente para ponerme en marcha.

Todo me agota y me sobrepasa. “mañana será otro día”, me digo, y espero a que la magia se produzca. ¿Será que tengo anemia? ¿Quizás la tensión baja?

En un momento de lucidez me pregunto:

–          ¿Cuánto tiempo hace que no te diviertes de verdad?

–          ¿Cuánto tiempo hace que no sientes un golpe de suerte?

–          ¿Cuánto tiempo hace que no aprendes nada nuevo?

–          ¿Cuánto tiempo hace que no das un paso más allá en busca de tus sueños?

Y en mi foro interior me digo: ¡si alguien me diera un empujoncito! Lo necesito.

¿Dónde podré encontrarlo? Te sugiero algunos sitios.

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¡PRACTICAR LA HUMILDAD PUEDE CAMBIAR TU VIDA!

Me dedico a la formación de profesionales desde hace 16 años. Soy entrenadora de habilidades muy útiles en el trabajo: como hablar en público, gestionar nuestro tiempo, manejar conflictos, dirigir personas o simplemente cómo comunicarnos más eficazmente.

Como coach, también me centro en conseguir que alcances tu mejor yo.

¿Qué es lo que escucho y me escucho diariamente? “Tú puedes, tú eres, tú sabes, tú tienes, tú conseguirás mejorar…” Y siendo verdad que desde la emoción positiva, desde la visualización del éxito y desde la modificación de creencias y conductas podemos conseguir nuestros objetivos, me pregunto…¿cuál es el freno de mano que impide que alcancemos antes nuestras metas? Posiblemente el miedo a no ser suficiente válido.

Tal es nuestro miedo, que a veces ni nos permitimos reconocer que lo tenemos, ya que eso nos comprometería a tener que hacer un cambio para paliar una autoimagen negativa.

El miedo a fracasar es lógico, a nadie le gusta fracasar, está en nuestros genes. Es por ello que tratamos de tomar las mejores decisiones, las que más nos aportan con el mínimo de esfuerzo y riesgo.

¿Cuándo deja de ser saludable el miedo al fracaso? Cuando objetivamente , las consecuencias de lo que pueda suceder no sean tan graves, o cuando el riesgo a no actuar sea aún peor que la propia equivocación.

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¿ESTAS SEGURO DE QUE ERES TÚ QUIEN DECIDES?

“Tengo que ayudar a mis hijos cuidando diariamente de los nietos”. ¿Tienes o quieres? Si tienes, es que no eres tú quien ha tomado la decisión de hacerlo. Si quieres, podrías dejar de hacerlo sin el menor sentimiento de culpa.

“Tengo que ser fiel a mi pareja”. ¿Tienes o quieres? Si tienes, no es tu decisión, es tu miedo a las consecuencias la que hace que mantengas tu fidelidad. Si quieres, te daría igual saber que no hay ninguna posibilidad de que tu pareja se enterara de lo sucedido.

“Tengo que callarme cuando mi jefe grita”. ¿Tienes o quieres? Si tienes es que temes perder la seguridad de ese trabajo o enfrentarte al conflicto. Si quieres, es porque te sientes capaz de dialogar con tu jefe sobre este asunto como y cuando quieras, pero prefieres pasarlo por alto porque no te afecta lo suficiente.

“Tengo que hacer deporte para mantener a raya mi colesterol” ¿Tienes o quieres?  Si tienes, te estará costando mucho esfuerzo hacerlo,  y tienes más posibilidades de perder tu fuerza de voluntad. Si quieres, pondrás tu atención en las ventajas que estás descubriendo y estarás cada día más contento de tu decisión.

Tener que hacer, exige disciplina y sacrificio.

Querer hacer, aporta fuerza de voluntad y placer en su dedicación.

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“DISTANCIATE DE TUS PREOCUPACIONES…¡QUÉ CORRA EL AIRE!”

Cuando nos obsesionamos por las cosas, repasamos una y mil veces los argumentos y las razones que justifican nuestro pensamiento recurrente.

Creemos además, que hacerlo nos acerca a la solución. ¿Qué clase de persona sería yo si no me preocupara?

“Preocuparme me convierte en una persona responsable, y si me estoy equivocando, en alguien mejor, puesto que en el sufrimiento que conlleva la preocupación está la condena que pago por mis errores”.  

Esta es una creencia viva y errónea en muchísimas personas que tienden a sufrir habitualmente. Porque… ¡Siempre podemos estar preocupados por algo! Por lo que pasa, por lo que ha pasado o por lo que pueda pasar.

Esta espiral de miedo y culpa destroza nuestro presente y por lo tanto ha condicionado ya nuestro pasado ¿quieres comprometer también tu futuro?

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