NO CONFUNDAS EMPATÍA CON EL MIEDO A HACER DAÑO

Tu vida está inconscientemente influenciada por los deseos, pensamientos y estados de ánimo de los otros.

La empatía nos permite ponernos en el lugar de las otras personas para lograr entenderlas y relacionarnos más eficientemente con ellas; sin embargo, no confundamos el miedo a hacer daño con tener una gran dosis de empatía.

El miedo a hacer daño se refleja en muchas formas de actuar:

  • Incapacidad para decir NO
  • Mentir de forma recurrente por evitar disgustos a terceros.
  • Exceso de amabilidad con quienes no lo merecen.
  • Doblegarse a chantajes emocionales por preservar la armonía en la relación.
  • Sacrificarse y perjudicar la propia salud porque no afecte a terceros.
  • Exceso de perfeccionismo y autoexigencia.
  • Renuncia a proyectos que implican algún tipo de riesgo, aunque sea el sueño de nuestra vida.

Como persona y desde mi experiencia como coach, he observado muchas manifestaciones del:  “Yo, no merezco…”, una terrible creencia limitante que mueve los hilos de la propia vida.

Evidentemente  los síntomas que acompañarán a sus víctimas, pueden ser muy variados: culpa, aburrimiento, frustración, ansiedad  o depresión.

Las creencias son como los más peligrosos agentes de transmisión de enfermedades, tan invisibles y dañinos que cuesta identificarlos, aislarlos y librarte de ellos.  A veces, sólo personas muy experimentadas o aquellos que tienen una gran capacidad de autoconocimiento y autoanálisis, pueden darles “caza”.

No te voy a mentir, no es fácil salir de esta situación, pero estarás más cerca si te das cuenta de que aquello que haces y no disfrutas tiene un sentido.  Normalmente elegimos entre mal o peor.

¿Le digo a mis ancianos padres que no me gusta ir al pueblo a verles o le digo a mis hijos que tienen que sacrificarse porque a ellos les hace mucha ilusión verles? Haga lo que haga, no le gustará a alguna de las partes. En esa ecuación falta un tercer actor, yo mismo. ¿Y qué es lo que quiero hacer yo en realidad? Seguramente, no tendremos ni idea, y ¿sabes por qué? Porque te acostumbraste a no poder disfrutar de nada que altere la felicidad de otras personas.

No eres dueño de tu vida. Así de simple, y estas minusvalorando a las personas que tienes a tu alrededor, pensando que no tendrán recursos suficientes como para encajar un desencuentro.

Tienes visiones catastrofistas de la vida. Los daños que temes suelen ir en cascada como si un castillo de naipes se fuera a destruir con cada decisión equivocada.

Vivir es arriesgar. No puedes tener contento a todo el mundo, tienes que enfrentarte a la mala cara y los sentimientos negativos de otros hacia ti, o serás tu quien terminará por no mirarse al espejo.

Todos debemos hacernos fuertes gracias a las pequeñas frustraciones. Estas haciendo un flaco favor a los demás creándoles un estado irreal de confort que en algún momento reventará por falta de consistencia. Será tu salud o su bienestar.

Sacrificándote tú estás sacrificando a aquellos que más quieres. Son normalmente las personas que más te importan las que sufren las consecuencias de tu sobre exigencia y mal humor. Tiendes a sacrificar a aquellos con los que tienes más seguridad y confianza, esperando que puedan soportar “una vez más” quedarse plantados por tu falta de asertividad, teñida de deberes y obligaciones.

El sacrificio te hace parecer más buena persona o más responsable, y no es cierto. ¿Qué responsabilidad es llevar al cuerpo o a la mente al límite?, ¿de verdad crees que tenemos una obligación más grande que para con nosotros mismos?

Algunas de estas ideas están arraigadas en tradiciones ideológicas o familiares. Darte permiso para quererte no es un insulto a tu Fe ni a tus ancestros, no hay nada de pecaminoso en el Amor, si duele tanto es que se trata de un sentimiento disfrazado de buenismo, pero no es Amor real.

El “yo no merezco” no viene solo, trae a otros colegas consigo: “Debo de…”, “Tengo que…”, “Es inadmisible en cualquier caso…”, “lo que yo quiera no importa, es egoísta…”, …

¿Te sientes representado? Pues seguramente no busques ayuda… ¿sabes por qué? Porque tu creencia no te dejará hacerlo, a menos que la desenmascares de una vez y te opongas a ella.

Quizás te ayude:

  • Colocarte algunas afirmaciones en lugares visibles y leerlas, incluso escribirlas varias veces seguidas en el día hasta que tu cerebro comience a reconocerlas como propias.
  • También encontrar referentes sanos, leer y compartir conversaciones con personas que admires y se quieran a sí mismas.
  • No precipitarte, dejar que cada cual resuelva sus propios problemas y gestione las expectativas que ha creado sobre ti sin tú pedirlo.
  • Observar tus sentimientos y analizar sus causas, conocerte y pedir ayuda si lo necesitas“.

Si tú creaste esa creencia por repetición, el poder para destruirla también está dentro de ti.

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18 comentarios en “NO CONFUNDAS EMPATÍA CON EL MIEDO A HACER DAÑO

  1. !Guay! – Mamen vuelva a mandarnos uno de sus post del blog… lo echàbamos de menos

    Felicitaciones Alfredo R. Enviado desde mi smartphone Samsung Galaxy.

  2. Mari Carmen, no puedo decir mucho mas, me parece un post fantástico , como diría yo, todo el mundo debería de leerlo una vez a la semana, para recordar que están en el mismo lugar dando vueltas en circulo y quejándose diariamente. Además de que está explicado de una forma muy didáctica y sencilla. Podríamos decir que mucha gente, no todos. Piensan que están haciendo lo correcto, tan solo que no se dan cuenta, hasta que un día llegan a un punto de inflexion grande en su vida, en el cual tienen que cambiar el sentido de la dirección que llevan y romper ese circulo vicioso que han creado ellos mismos. Desgraciadamente todos no tienen la entereza y firmeza para tomar decisiones y acatar las consecuencias . Tampoco para darse cuenta de que todo el mundo tiene un punto de vista diferente y no siempre tiene que coincidir con el nuestro.
    Para mi el principio de entender la Empatía, comienza por dejar a un lado , todas aquellas personas que no te aportan nada a ti , porque piensan que si no haces lo que ellos dicen, piensan o creeen, tu estas equivocado/a . Después comenzar a conocerse unos mismo sin temor a nada y aceptarse tal como es uno mismo, cambiar a mejor siempre es posible.
    Todo son instantes, momentos que pasaran, su duración es corta. Lo que ocurre, que mucha gente, los convierte en situaciones eternas, que llevan con ellos mismos continuamente sin darse cuenta, que el gasto de energía es en balde.
    Gracias Mari Carmen. Un saludo.

  3. Fantástico post y totalmente de acuerdo con lo que dices.
    Una consulta. Que sucede cuando el otro identifica esa actitud (la de: si alguien tiene algún problema conmigo, ya se le pasará…) como de alguien “altivo” o “prepotente”?? Es difícil de hacer ver lo contrario. Pienso que lo único posible es el paso del tiempo….

    1. Es responsabilidad del ofendido pedir explicaciones y poner límites a la conducta del otro, a veces queremos que los demás sean “videntes” cuando nos callamos con todo o contestamos: no importa, seguro que no te has dado cuenta… y en realidad estamos dolidos. En mi opinión, tenemos que sentirnos merecedores de respeto, tenemos derecho a sentir, a opinar y a defendernos, también a pedir perdón y rectificar cuando nos equivocamos. No debemos cargar con la responsabilidad de la felicidad de otros, cada cual que hable por su propia boca y aprenda de sus comportamientos. Eso sí actuando desde la empatía y la asertividad, estando dispuestos a escuchar pero no a tolerar manipulaciones emocionales.

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