¿HASTA CUANDO…?

Hoy no es el día, tampoco lo fue hace un mes, y probablemente tampoco será mañana ni el mes próximo.

El arte de posponer es una constante en nuestra vida.

En nuestras relaciones sociales, utilizamos coloquialmente frases como:

– “¡A ver si nos vemos!” (algún día, de casualidad como hoy)

– “¡A ver si un día te llamo y nos tomamos algo!” (tengo otras prioridades)

– “¡Tendríamos que verlo con tranquilidad!” (ahora no estoy para pensar en eso)

– “¡A ver si nos vemos en mejores ocasiones!” (no seré yo quien te llame)

– “¡No se me ha olvidado, pero es que he estado muy liado!” (lo olvidaré de nuevo en cuanto salgas por la puerta)

En nuestras responsabilidades o mejor dicho, irresponsabilidades, también lo hacemos cuando decimos:

– “Mi asignatura pendiente son los idiomas” (y seguirán siéndolo porque no pienso empezar a esforzarme)

– “Tendría que hacer algo de deporte, es que me gusta tan poco” (que por eso continuaré sin hacerlo)

– “Un día de estos tengo que limpiar a fondo la casa” (un día…así es, hay tantos)

– “A ver si acaban las vacaciones y…, la Navidad y…la Semana Santa y… el curso y … me pongo en serio a…” (ni en serio ni en broma, me falta voluntad)

Cuando enviamos las cosas al “más tarde” no estamos diciendo NO, y eso tiene un componente momentáneamente tranquilizador, pero que a la larga ocupa un lugar importante en nuestro espacio mental de tareas pendientes; hasta tal punto que podemos sentirnos más fatigados y ansiosos de lo normal por el “peso” de las tareas inacabadas.

 hombre-cargando-reloj

Nos dará vergüenza por  no cumplir con personas con las que me había comprometido a llamar, a quedar, …  e intranquilos por no hacer aquellas cosas que sabemos dijimos hace años que debía hacer (una dieta, un curso, un cambio, tomar una decisión, etc.)

Para tratar de evitar este mal hábito, nos ayudará:

  • Evitar hacer promesas en momentos de euforia o culpabilidad. Tampoco comprometernos con los demás en aquello que no vamos a poder hacer a corto plazo.
  • Subdividir en tareas más pequeñas aquellas acciones que nos cuesta más esfuerzo hacer.
  • Ponerle día y hora inmediata a aquello que decimos haremos.
  • Tomar nota de ellas por escrito y escribirlas en la agenda, junto con los recursos que necesitaremos (un teléfono, una dirección, una persona de contacto….)
  • Si aun así te cuesta, puede ayudarte delegar en otros la responsabilidad de la acción conjunta a emprender (ejemplo: llámame a primeros de septiembre y ponemos fecha a la comida)

Las excusas falsas y el autoengaño son frecuentes en las situaciones de aplazamiento. La indecisión, el exceso de optimismo o el placer de vivir bajo presión suelen ser características de personalidad que correlacionan con este mal hábito.

¿Hasta cuando quieres seguir quedando mal contigo mismo y con los demás?

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4 comentarios en “¿HASTA CUANDO…?

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