CUANDO LO MÁS VALORADO ES EL SILENCIO.

Un buen comunicador, sabe cuándo hablar y cuando callarse. A veces, dar consejos que nadie te pide, sólo sirven para mostrar “superioridad”, es como decirle al otro: “yo hubiese sabido qué hacer”, “a mí no me pasaría eso”, “no tienes derecho a sentirte así”, … probablemente nuestra intención es animar al que vemos tristón o nervioso; sin embargo… ¿Has pensado que hay muchas maneras de ayudar que no requieren del lenguaje verbal? Practica el silencio, que no la indiferencia.

Ese era mi mensaje en Facebook del 14 de junio, con él, adjuntaba esta fotografía:

papel-reflexion

He descubierto con sorpresa que ha sido la entrada más visitada hasta el momento, lo cual me ha hecho pensar que EL SILENCIO, merecía un post en mi blog y, … ¡Aquí estoy!

El silencio es una forma de conducta presente en todas las culturas. Cada pueblo tiene una cultura y una lengua que emplean de una manera diferente el silencio, pero lo emplean, entre otras razones porque, si no hubiera pausas, las frases serían totalmente incomprensibles.

En las religiones Orientales, como es el caso del hinduismo y el budismo se hace una relación entre el silencio y el saber, ya que éstas hablan del silencio como la base de la sabiduría y de la meditación.

En nuestra cultura laica, a veces, se hace la relación contraria. Silencio = no saber qué decir, ausencia de respuesta, indiferencia, alternativa a la mentira, etc. Es por ello que el silencio resulta violento y tratamos de evitarlo con palabras, ruido, etc.

El silencio por tanto, como el resto de la comunicación, está contextualizado y no es inocuo.

La sabiduría popular otorga cierta virtud a saber guardar silencio:  

“Cada persona es dueña de su silencio y esclavo de su palabra”.

“Cuando hables, procura que tus palabras sean mejor que el silencio”.

“En boca cerrada no entran moscas”.

¿En qué quedamos entonces, hablo o me callo? Depende, amigo mío…el sentido común, está para usarlo. Con que seas capaz de encontrar virtud en el silencio, me doy por satisfecha.

La obsesión por saber qué decir, nos puede paralizar hasta tal punto que:

  • ¿Cuántas veces no doy un pésame o no llamo a alguien con una grave enfermedad porque no sé qué decir? A veces, estar, es más importante que hablar.
  • ¿Cuántas veces te sientes impotente porque no sabes qué aconsejar a alguien con dificultades? Escuchar, permite al otro ordenar sus ideas y llegar por sí mismo a una respuesta, a la vez que le permite ventilar sus emociones y rebajar su ansiedad.

¿Qué es lo mejor que puedes hacer ahora? Guardar silencio, reencontrarte contigo mismo y dejar que estas palabras que acabas de leer te inspiren.

Gracias por tu tiempo. Hasta la semana que viene.

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