RE-MUÉVETE… ¿QUÉ PODER OTORGAS A TUS EMOCIONES?

“Re-MUÉVETE: el poder de las emociones”, ha sido el título bajo el cual he representado a Intertiempo, en el acto celebrado esta semana, por la Concejalía de la Mujer de Rivas Vaciamadrid, contra la violencia de género.

Y es que el mundo de las emociones, las percepciones y los pensamientos, están en el centro mismo del modo de proceder de las personas, sean hombres o mujeres.

A medida que el ser humano se fue civilizando, estableció códigos de conducta basados en el recato a la hora de expresar las emociones. No está bien visto emocionalmente perder el control: gritando, llorando, temblando de pánico, mostrando vergüenza o inseguridad. A veces incluso, relacionamos profesionalidad o el nivel cultural con “no perder nunca la compostura”.

En el transcurso de la historia, la contención emocional no fue exigida de igual manera a hombres que a mujeres.

Tradicionalmente, al hombre se le ha permitido mostrar más abiertamente la ira, y a las mujeres el amor y el miedo.
Por eso, en el mundo del trabajo especialmente, si él grita o “da un puñetazo en la mesa”, se dice que tiene “carácter”; si eso mismo lo hace una mujer, se dice de ella que es una “histérica, una persona vulgar o sin modales”

Si una pareja joven con hijos se queda en paro, él tendrá mayor presión social ante el desempleo que ella. Si el hombre se queda en casa con los hijos para que ella trabaje, será “sospechoso” de ser un vago o de estar aprovechándose de la mujer, cosa que más raramente se interpreta en sentido contrario, ya que es percibido como “normal” que la madre por amor a sus hijos y a su familia sea la que aproveche esta circunstancia para pasar más tiempo ocupándose directa y personalmente de ellos.

Las emociones básicas: ira, miedo, sorpresa, asco, tristeza y alegría son propias de los hombres y de las mujeres en todas las culturas. Aceptar que todos los seres humanos tenemos las mismas emociones, que necesitamos darle “espacio” a esas emociones (es decir, darnos permiso para sentirlas sin culpa) y que debemos aprender a gestionarlas (que no reprimirlas) para alcanzar nuestro máximo potencial, es sano.

Cuando nos negamos el derecho a sentir, el cuerpo establece mecanismos para darles una salida indirecta a esas emociones, que se tornan peligrosas para nuestro bienestar psíquico y para el de los que nos rodean.

Por ejemplo, una mujer que sienta ira, se sentirá mal después de manifestarla. Se nos ha inculcado durante siglos que la mujer está hecha para amar y para que la amen, está abnegada al sacrificio por el bien de la familia, y su lugar está en roles relacionados con el cuidado y la atención a las necesidades de los demás. ¿Qué hace entonces la mujer con su ira? Posibles opciones:
• Reprime su expresión y la vuelca sobre sí misma, con lo cual padece de depresiones y otros trastornos como por ejemplo problemas con la alimentación, etc.
• La expresa de forma indirecta a quien considera su agresor (a quien culpa de su ira), ¿cómo? Por ejemplo: rechazando sexualmente a su pareja, poniéndole a los hijos en contra o rechazando a sus familiares.

Un hombre, se sentirá especialmente incómodo con emociones propias de miedo o inseguridad. Su rol social le “obliga” a saber encarar los conflictos de forma lógica y resolutiva, protegerá y dará seguridad a su familia. Su hombría, y por tanto su autoestima social se ve en peligro cuando se siente cuestionado, por ejemplo:

Él advierte a su mujer de los peligros, si ella no le hace caso, lo interpreta como que quiere llevarle la contraria o desafiarle. Si ella le da un consejo o le dice lo que debe hacer, él siente que ella no tiene suficiente confianza en su criterio y se enfada.

La empatía, ponerse en el lugar del otro, se ve favorecida en tanto en cuanto compartamos espacios y tareas comunes, dentro y fuera del hogar. En este, como en tantas otras cuestiones de la vida, la respuesta es la cooperación al desarrollo del otro, y no la competencia entre nosotros mismos.

La discriminación por cuestión de género, y la violencia física y psíquica ejercida dentro de la pareja por motivos educacionales, terminará cuando hombres y mujeres, juntos, abordemos esta cuestión como un problema de todos y no sólo de las victimas.

¡¡No te quedes indiferente, re-muévete!! Te necesitamos.

Anuncios

2 comentarios en “RE-MUÉVETE… ¿QUÉ PODER OTORGAS A TUS EMOCIONES?

  1. El pasado martes tuve la suerte de asistir a tu conferencia-taller Re-muévete “ El poder de las Emociones”. No ha sido la primera vez que he asistido a conferencias o talleres impartidos por ti y desde luego tampoco será la última vez. Eres una coaching magnifica, porque siempre lo consigues, siempre remueves, conmueves, emocionas, impresionas, siempre llegas. Y lo consigues poniendo tus mejores armas y herramientas al servicio de los asistentes. Como son tu honestidad, cordialidad, saber comunicar y transmitir.
    Mamen eres una comunicadora nata y sigo pensando que es un lujo tenerte cerca a través de este hermoso blog.
    Recibe esta sincera gratitud de una seguidora incondicional
    Toñi

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s