¿ESTÁN TUS PRINCIPIOS EXPUESTOS A LAS INCLEMENCIAS DEL TIEMPO? Colaboración de Gabriel Aúz

Me gusta compartir con los amig@s, crear alianzas, aunar esfuerzos e ilusiones… ¿Ya ti?

Hoy el post está escrito por Gabriel Aúz. Es mi primer amigo cibernauta (nos conocemos por la Web), y además de compartir varios grupos en linkedin, tambien nos apoyamos y nos damos ánimos en nuestras respectivas carreras profesionales. Me ofreció la posibilidad de colaborar en su blog para que me conocieran sus seguidores y hoy os lo presento a vosotr@s con la misma intención. Espero que le disfrutéis y os haga reflexionar tanto como a mi. El debate posterior es a veces más interesante que el propio post asi que os animo a participar.

“El honor es aquello que nadie puede darte, y nadie puede quitarte”

– Rob Roy- (la película)

¿ESTÁN TUS PRINCIPIOS EXPUESTOS A LAS INCLEMENCIAS DEL TIEMPO?

Siempre existen momentos en nuestra vida en los que podemos sentir que nuestros principios se tambalean, o lo que es peor, que no sirven, que son como un lastre que nos impide desarrollarnos adecuadamente, haciéndonos sentir menos que los demás. Cuántas veces no habremos oído expresiones del tipo “de puro bueno es tonto”, o nos habremos sentido imbéciles ante una coherencia con nuestros valores que acabó provocándonos consecuencias indeseadas. Actuar con honestidad ante una situación en la que la mentira nos favorece, hacer más trabajo del que nos correspondería por asumir plenamente nuestras responsabilidades, actuar con honestidad en una relación de pareja o simplemente exigir factura por un servicio pudiéndonos ahorrar el IVA del mismo.

Puede suceder incluso que quienes nos rodean estimulen nuestra picaresca, alabándola, o que nos reprochen nuestra falta de agudeza ante situaciones en las que podríamos obtener un claro beneficio traicionando nuestros valores: que alaben la pillería para escaquearse en el trabajo, defraudar a hacienda o que vivamos de forma promiscua, “sin ataduras”.

El difícil camino de la coherencia

Lo más normal es que hayamos abrazado nuestros valores tras un importante esfuerzo personal o una búsqueda de coherencia no exenta de dificultades. Con el tiempo, y puede que no sin tropiezos, llegamos a descubrir un sentido práctico en nuestras actitudes que se puede traducir en una mayor calidad de vida como consecuencia de un estilo de vida coherente con nuestros valores, con el refugio seguro que constituyen ante ciertas adversidades cotidianas.

Este camino no es sencillo: como seres en perpetuo crecimiento, vivimos plagados de contradicciones, incoherencias, deseos inconfesados, actitudes nocivas aprendidas tal vez hace mucho y necesidades ineludibles que condicionan nuestro comportamiento. Además, vivimos rodeados de seres tan imperfectos como nosotros, con sus miedos, dificultades y miserias, y es frecuente que nuestros valores entren en conflicto con nuestras necesidades personales o con nuestro entorno.

Costumbres del pasado

Si en el pasado hemos sido capaces de superar algunas dificultades utilizando determinadas actitudes, la tentación de recurrir a ellas ante un situación compleja suele estar presente: si la violencia pudo ser una solución en un momento determinado de nuestra vida a determinadas situaciones, podemos sentir en algunos momentos ganas de utilizarla para solventarlas, si nuestra habilidad para mentir pudo haber servido para conseguir alguno de nuestros objetivos, tendremos que pelear constantemente contra la tentación de usarla para salirnos con la nuestra, si podemos conseguir lo que deseamos manipulando a los demás para que hagan aquello que no quieren hacer, no resultará extraño sentir el impulso de solucionar la situación empleando nuestra habilidad para la manipulación.

La tentación

La gran pregunta es: ¿realmente compensa? Todos hemos sucumbido alguna vez a la tentación de utilizar nuestros recursos más oscuros. No habría más que hacer memoria, mirar hacia atrás y pensar más allá del beneficio inmediato que pudiéramos haber obtenido: quizás resolvimos un problema en el trabajo mintiendo a nuestro jefe, o conseguimos cubrir una necesidad del momento olvidándonos de nuestros principios, o pudimos cerrar un contrato manipulando a una persona para que firmara algo que no acababa de convencerlo. Mirando más a largo plazo, podríamos descubrir que estas situaciones terminaron pasándonos factura, ocasionándonos sufrimiento o efectos desagradables: una mentira que se destapa, dejándonos en evidencia, puertas que se nos cierran ante posibles negocios futuros, o sentimientos desagradables por no haber sabido gestionar adecuadamente nuestras necesidades.

La satisfacción de las metas alcanzadas

Por supuesto, no siempre esas actitudes arrojan consecuencias desagradables sobre nosotros, o puede que tengamos una alta capacidad para sobreponernos a esos sentimientos desagradables que la situación nos provoca. Sin embargo, me gustaría que pensáramos en la satisfacción que nos proporciona el actuar con coherencia, cada vez que sabemos afrontar una situación compleja en coherencia con nuestros principios.  La satisfacción de camino complicado frente al fácil, como demuestra el hecho del orgullo que expresamos cuando hablamos del sacrificio con que obtuvimos nuestros mayores logros.

No dejemos que las inclemencias del tiempo nos arrebaten la posibilidad de dar lo mejor de nosotros mismos, de sentirnos orgullosos de lo que somos capaces de superar sin traicionar nuestros principios. Sin traicionarnos.

Fdo. por Gabriel Aúz, que se se define así:

“Técnico Superior en Producción de Audiovisuales, Radio y Espectáculos”.

Durante años trabajé producción de eventos, especializándome en procesos creativos, negociación, formación, resolución de problemas y coordinación de equipos multidisciplinares para la consecución de objetivos. Todo ello, junto a mi interés por el desarrollo personal y la transmisión de valores, me lleva recientemente a trabajar como terapeuta, ayudando a personas con problemas de adicción y a cursar estudios de Educación Social. Gracias a mi formación, experiencia e inquietud cultural y vital, trabajo como asesor en creatividad y procesos creativos, motivación, desarrollo de competencias profesionales y logro de objetivos.

Muy vinculado al mundo de la comunicación, colaboro con Radio Obradoiro realizando recomendaciones culturales y plasmo mis inquietudes en los blogs http://paseandoencompania.blogspot.com y http://sonosrotos.blogspot.com”

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17 comentarios en “¿ESTÁN TUS PRINCIPIOS EXPUESTOS A LAS INCLEMENCIAS DEL TIEMPO? Colaboración de Gabriel Aúz

  1. Buenas tardes a ambos, Mari Carmen y Gabriel. Bien, según iba leyendo, mi imaginación tomaba nota de todo aquello que quería comentar. Cosa por demás nada recomendable, pues al no calibrar bien el largo del texto, muchas cosas se quedan sepultadas en el desván de la memoria. No obstante, algo sí quiero recalcar porque considero que es importante, y es la relatividad de las cosas. Somos todos diferentes y, lo que para unos es bueno y justo, para otros es todo lo contrario. Que unos piensen que sea de lo más natural vivir de una forma “promiscua” y sin ataduras, y otros opinen que sea un “pecado”. Dando por hecho que los valores son subjetivos por naturaleza, circunstancias y demás motivos. Opino que tener unos principios y luchar por ellos, que duda cabe, hace que la vida te resulte mucho más acogedora. Si la vida te pone en la tesitura de venderte, debe ser duro y puedo entenderlo, no siempre es fácil vivir.
    Espero no haberme desviado demasiado del tema.
    Un abrazo.

    1. Gracias Teresa por tu comentario. Coincido contigo en que los principios de cada uno responden a su modo particular de ver e interpretar la vida. Vivir en contra de tus principios debe ser algo tan terrible que supongo terminarás justificando desde la razón como mecanismo de defensa para evitar el conflicto interno. Como tú bien dices: “no siempre es fácil vivir”. A veces, no se trata de una situación extrema la que te hace “venderte” sino una actitud inmadura de querer gustar a todo el mundo o querer elegir siempre el camino más rápido, y “aparentemente” más fácil. Tristeza, irritabilidad y apatía es lo que yo he sentido cuando, por ejemplo, el trabajo que he realizado no coincidía con mis valores. Y en cuanto a los conflictos, he descubierto en mi misma, que si me comporto de acuerdo a mis principios con independencia de lo que hagan los demás, me siento en paz conmigo misma. El tiempo suele poner a cada uno en su sitio; aunque a veces, no tan rápido como nosotros desearíamos.

      1. Gracias Mari Carmen. Coincido plenamente contigo excepto en alguna cosa. La sensación de sentirte en paz contigo misma a veces no es fácil de notar. Como tampoco el saber con seguridad si lo que haces es lo que debes hacer. Creo que siempre queda la duda, la quemazón de saber si has obrado con equidad.
        En fin, esto puede ser motivo para otro debate. Nunca sabes el daño que puedes llegar a hacer a los demás, y eso condiciona un poco tu proceder.

  2. Hola Teresa. Creo que Mª Carmen ha expresado muy adecuadamente la cuestión: el problema no es cómo decidimos vivir cada uno de nosotros, sino que sepamos ser consecuentes con nuestras decisiones. Por supuesto, no tengo nada que objetar contra quienes decidan vivir de determinada manera, mientras tengan la madurez de afrontar esas consecuencias y sin hacer daño a nadie. Y el tema de la promiscuidad es francamente delicado en este sentido. Pero sin entrar en otros debates, que no vienen ahora al caso, Mª Carmen atina: muchas veces valores que creemos nuestros, en realidad son valores ajenos: sociales, familiares, etc. Y con frecuencia encontramos conflictos entre nuestros auténticos valores y los que creemos que compartimos con los demás, provocándonos una cierta confusión o angustia. En todo caso, a lo que yo animo es a vivir de acuerdo a nuestros principios, sin traicionarlos a pesar de la incertidumbre o el malestar que pueda provocarnos esto a corto plazo.

    Un beso a las dos 😉

  3. Hola Mari Carmen. He leído con interés tu entrada, extensa y muy bien trabajada, y estoy de acuerdo en el mensaje que transmites. Honestamente, creo que no vivo traicionando mis principios, y es que es algo que mi carácter no me permitiría. Con los años, además, me voy volviendo más reivindicativa y protestona, y más incapaz de ceder a chantajes, y me dejo llevar cada vez menos por el qué dirán.
    Como te digo, creo vivir sin traicionar ninguno de mis principios. El problema con los principios es que cada uno tiene los suyos, y es posible que el que no los traicione, lo tenga más fácil precisamente por no tener demasiados.
    Es como hablabais con Teresa, una cuestión de moral y creencias personales. A mi, por ejemplo, no me parece que una persona que elige la opción de ser promiscua en lugar de atarse a alguien, no tenga principios: precisamente, sus principios son esos.
    Un abrazo

    1. Gracias Izascun. Ya que el tema de la fidelidad ha salido en varias ocasiones. Me apetece “mojarme” y hablar sobre ello.

      Coincido con que la fidelidad es una cuestión de decisión entre dos partes y no es un tema de buenos y malos, de personas con principios o sin ellos.

      Ser fiel cuesta esfuerzo, como cualquier otra decisión que se toma en la vida (obtener una titulación, estar muchos años en la misma empresa, mantener las amistades de niño, etc.)y curiosamente, suelen ser las cosas que nos cuesta algún esfuerzo conservarlas, las que más valoramos a la larga.

      Cuesta ser fiel a aquellos que tienen posibilidades de no serlo. Es fácil decir “soy fiel” si no te comes una rosca o si no te mueves en un entorno donde sea fácil relacionarte con otras personas. La carme es débil y una infidelidad por “locura transitoria” me parece una cuestión comprensible (no digo que sea acertado), pero lo que no concibo es el egoismo con el cual yo hago creer a mi pareja que soy fiel y le tengo “esforzandose” y “privándose” de hacer lo mismo que yo por una decisión y un acuerdo que supuestamente los dos hemos contraido. De una persona fiel me enamoraría, de una persona infiel preferiría no hacerlo, porque mis días están contados, aparecerá alguien que sea más novedoso y no podré hacer nada por seguir resultando interesante.

      Para mi la fidelidad es una opción en la vida, hay otras igualmente válidas (el amor libre, el intercambio de parejas, etc., yo no hablaría de fidelidad sino de “engaño sí o engaño no”.

      Desde luego, la vacuna contra la infidelidad con engaño, no está en el comportamiento controlador y celoso, sino en: la comunicación, el amor, la honestidad y el compromiso (porque se valora el presente y se tiene un proyecto de futuro que no quieres arriesgar por una torpeza). No podemos obligar a nadie a que nos quiera eternamente. Si al menos nos queremos nosotros, nunca querrermos conformarnos con las migajas, la pena o la desatención de una pareja. Desea estar con el/con ella, pero en el momento que lo necesites y estés dispuesto a tragar con todo… has comenzado a perderlo.

      1. Hola Mari Carmen. Sólo un pequeño apunte: yo no hablaba del tema de la fidelidad sino de promiscuidad, que es lo que tú nombras en tu entrada.
        En mi entrada, me refiero a la promiscuidad como la libre elección personal de no atarse a nadie (es decir, soltería) y vivir relaciones sucesivas sin formar una familia.
        Cuando hablabas de promiscuidad creí que te referías a eso.
        De todas formas, interesante tambien el tema que expones.
        Saludos

    2. Izaskun, creo que es justo que haga yo una matización, ya que no ha sido Mª Carmen quien escribió el artículo, sino yo. Ella, desde luego, no tiene por qué compartir mi punto de vista sobre el tema. Dicho esto me parece necesario puntualizar algo: cuando hablamos de que una persona elige la opción de ser promiscua, con frecuencia olvidamos una cuestión importante: que dentro de esa opción entran otras personas.

      En el tema de la sexualidad, como en tantos otros en la vida, invito a reflexionar sobre nuestra responsabilidad personal, tanto con uno mismo, como hacia los demás.

  4. Hola Mari Carmen y Gabriel, un lujo vuestra colaboración. Yo sí me doy por aludida en algunas pequeñas traiciones hacia mis valores. En mi trabajo por ejemplo, a veces para satisfacer una necesidad como la “solidaridad” con una mayoría, he descuidado el valor de la equidad y la responsabilidad. Esto me ha acabado pasando factura siempre a la larga, pues tal “solidaridad” al final se desmorona por la propia traición, experimentando además ese malestar que queda por ese conflicto entre necesidades y valores.

    1. Gracias Ángeles por el comentario. A mi no me ha pasado con la “solidaridad” de la mayoría como dices, pero sí he sido tremendamente injusta cuando he sacrificado dentro de un grupo a aquellos que “no dan problemas” por prestar más atención a las personas “difíciles”; cuando sacrifico a mis familia, a mis hijos o a mis amigos por pasar el tiempo “salvando al mundo” como a veces me dicen.

      Efectivamente a veces vemos las hojas y no el bosque, creemos que estamos actuando a favor de unos principios mientras simultáneamente estás traicionando otros. La naturaleza es sabia, y tarde o temprano se hace escuchar por mucho que nos empeñemos en seguir el camino equivocado, aquel que no refleja nuestros valores y principios fundamentales.

      Cuando el conflicto se encuentra entre las necesidades y los valores, uf!!… tremenda decisión. Tan solo un apunte ¿lo que sentimos como necesidades, realmente lo son? Si realmente lo son yo creo en el principio de la supervivencia, eres tú o yo, y si nos dejamos “matar” es que o somos realmente “martires” o algo no va bien en mi cabeza y tengo un “super-yo” que me obliga a seguir con rigidez una imposición moral que a saber de dónde me viene, pero que desde luego hay que revisar.

    2. Ahí es donde entra en juego la complejidad de la vida: nuestros valores son útiles, desde luego, son hermosos sobre el papel, sin lugar a dudas, pero luego la realidad se cobra sus peajes, nos mete la zancadilla. Es en ese momento en donde empieza el auténtico reto: conciliar nuestras necesidades como seres humanos con esos valores que nos proporcionan un refugio seguro en la tormenta. No siempre es fácil vivir en valores, pero eso, como suelo decir siempre, lo único que quiere decir es que resulta más meritorio si lo conseguimos 😉

      Un abrazo a las dos.

  5. Hola MariCarmen y Gabriel. Para mi este post me ha hecho reflexionar.
    Renunciar a tus principios sean de la índole que sean, nunca es bueno, ni mentir, utilizar la violencia, manipular…
    La mentira se vuelve contra ti, la violencia genera violencia, la manipulación nos hace sentir mezquinos…

    Entonces me hago la siguiente pregunta:
    ¿Por que el ser humano a veces acude a todas estas actitudes negativas? probablemente por miedo, desconfianza, inseguridad…¿Y donde se aprende a comportarnos honestamente???En la infancia,sin ninguna duda. Si hemos recibido toda esa seguridad, confianza y sobre todo cariño, siendo niños.Cuando crezcamos seguramente estaremos mucho más preparados.

    Claro que los padres no viene con un libro debajo del brazo, para ver cual es la mejor educación que dan a sus retoños así, que de mayores esos hijos, si no son capaces de afrontar la vida sin renunciar a sus principios, está ocurriendo algo y si no eres capaz de resolverlo pide ayuda a quien sea.

    Esta es la lectura que hago de vuestro estupendo post. Cuando alguien tiene que renunciar a sus principios, se está boicoteando su manera sana de actuar ante la vida y antes o después le pasará factura.Un abrazo para los dos.Buen trabajo en equipo;-))

    1. Gracias Laura por tu comentario.

      Yo creo que funciona “la ley del mínimo esfuerzo”; es decir, la conducta va seguida de unas consecuencias en base a las cuales el ser humano aprende. Y sí, resolver los problemas del corto plazo nos compromete muchas veces el futuro, pero es que nacemos con casi todo por aprender. Desde bien pequeñitos comenzamos a aprender a mentir para evitar el castigo, porque nos es más fácil hacerlo que enfrentarnos al conflicto.

      Cuanto más vulnerables somos y más nos importe el qué diran, las consecuencias de mis errores, etc. más recurriré a mecanismos de defensa como por ejemplo: evitar, escurrir el bulto, negar, mentir, ceder, etc. si a eso le sumamos que no aprendemos habilidades que nos hagan más competentes pues…terminamos justificando todo lo que hacemos en base a argumentos racionales autoexculpatorios. Lo malo es que terminamos siendo como nos comportamos, y no siempre nos gustamos en ese sentido, con lo cual la insatisfacción con uno mismo termina siendo enorme.

      ¿A quien no le ha costado decir No a los colegas en la adolescencia? Por eso es una época tan peligrosa. Os invito a ver el video: https://www.youtube.com/watch?v=QASSyV2ZmbY

    2. Gracias por participar, Laura 🙂

      Desde luego muchas de esos comportamientos los repetimos de forma poco menos que inconsciente: puede ser que en el pasado encontráramos solución a un problema concreto de una determinada manera y que repitamos el patrón sin plantearnos que tal vez nuestra evolución vital haya invalidado esa solución o que incluso pueda causarnos problemas. Pero seguimos repitiéndola, transitando por esos caminos conocidos por los que pasamos de memoria, porque nos resultan cómodos. A veces hay que realizar un esfuerzo, salirse del camino que nos trazamos e intentar explorar otras alternativas 🙂

      Un fuerte abrazo 😉

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