NO CONSIGO ANIMARME ¿ES GRAVE?

NO CONSIGO ANIMARME ¿ES GRAVE?

Si últimamente no consigues animarte, tienes mil razones para considerar esa apatía como “normal”. Enciende el televisor o llama a cualquier amigo, en poco tiempo te darán alguna noticia desalentadora. Puedes dirigir tu energía en cambiar tu estado de ánimo o en justificarlo ¡Tú decides!

La cuestión no es si hay motivos para andar tristes y preocupados todo el tiempo, sino si merece la pena estarlo.
Se nos olvida que todos veremos el fin del mundo cuando llegue nuestra propia muerte. Se nos olvida que estamos en esta vida de paso y que la tristeza lo único que hace es debilitar nuestro sistema inmunológico y condenarnos a una decadente calidad de vida.
No vinimos al mundo para que el tiempo pasara cuanto antes sin disfrutarlo. A menudo posponemos el momento de estar felices y nos decimos cosas como: “cuando los niños se hagan mayores entonces…, cuando tenga pagada la hipoteca…, cuando cambie de trabajo…, cuando tenga dinero…” ¿y mientras tanto…qué?
No estoy hablando de padecer una depresión diagnosticada clínicamente o tener un problema grave a resolver. Me refiero a la costumbre de estar: apagado, apático, triste, susceptible, aburrido… y considerar eso “lo normal”.

Si quieres modificar esa aparente “normalidad” y quieres encontrarte de mejor humor, tendrás que introducir en tu vida una serie de cambios que vayan variando tu rutina sin gran esfuerzo para que consigas tener continuidad.

Como primer paso, comienza por obligarte a hacer actividades potencialmente satisfactorias para ti, puedes comenzar por recuperar algunas de aquellas que en el pasado te resultaron satisfactorias y estés en condiciones de seguir practicando.

Rodéate de gente animada y busca fuentes de estímulo, actividades sanas y vigorizantes (música, películas ó libros motivantes, graciosos, positivos). Oblígate a ser positivo; ante los contratiempos comienza tu frase diciendo…”qué suerte que…” y busca las oportunidades que te ofrecen tus circunstancias.

Cuídate de forma integral: haz deporte aeróbico (correr, andar, nadar), cuida tu aseo y alimentación diaria.
Plantéate metas a corto plazo orientadas a la acción, a lo que depende de ti y no de los resultados. Ponerte pequeñas obligaciones y cumplirlas religiosamente (ej.: regar una planta, levantarme a una hora, subir las escaleras en lugar de coger el ascensor, leer una página de un libro, hacer una llamada al día a un potencial cliente, etc. ), te permitirá sentir el deber cumplido y te reconfortará.

Prémiate y felicítate por cada pequeño avance, por cada pequeño esfuerzo cotidiano que te ayude a encontrar motivos para la alegría.

Destaca más tus éxitos que tus fracasos tanto personales como laborales. Apoyate en lo que sí funciona o haces bien para enfrentar tus debilidades. La autocrítica destructiva, como por ejemplo: “soy un desastre” o “nunca llegaré a nada”, te es tóxica, no seas tu peor enemigo.

Reconoce de forma inequívoca tu aportación al bienestar de los demás o a los logros de otras personas por básico y poco importante que parezca a simple vista (“si estoy callado le doy la oportunidad a otro de que hable”, “si pido consejo, reconozco en el otro su sabiduría y le hago sentirse bien”, “si he visitado a un cliente aun sin resultado de compra, he dado a conocer mi empresa”)

Elige hacer las cosas por voluntad propia en vez de vivirlas como una obligación. Sustituye el “tengo que…” por el “deseo o elijo hacer…”. Elijo limpiar el baño antes que correr el riesgo de coger una infección o soportar el mal olor”, “elijo probar una profesión nueva antes que lamentar mi situación llorando en casa”, “elijo buscar referencias antes que esperar pacientemente a que alguna persona me llame por teléfono”, “elijo propiciar un cambio antes que seguir con lo que tengo hasta ahora, que no me satisface”.

Sé agradecido. La vida está llena de privilegios, descúbrelos. “La empresa me da la oportunidad de…”, “el cliente me da la oportunidad de…”, las financieras me dan la oportunidad de…”, “mi cuerpo me da la oportunidad de…”. “Mi familia, mis amigos, mi mascota, mi casa, me ofrecen la oportunidad de…” Si eres agradecido te sientes en paz con el mundo.

Pide lo que te haga falta, directamente y con absoluta confianza en que en el pedir está el recibir. “Que me cojan el teléfono”, “que les guste” “que me salga bien la presentación” “que haga buen tiempo”, “que lo pase bien” “que acierte en mi decisión”, etc. ¿A quién pido? A quien tú quieras, a la vida, al destino o al mismo Dios o a un familiar fallecido si eres creyente. Pedir es un acto de humildad, pedir supone reconocer tu vulnerabilidad y tener esperanza.

Aprende a disfrutar de todo lo que te encuentres a tu alcance, una puesta de sol, el olor al café recién molido, una sonrisa o un gracias de un desconocido, un vaso de agua cuando tengas sed, una silla cuando estas cansado, una manta cuando tengas frío, un premio cuando lo hayas ganado, … y acostúmbrate a estar agradecido por ello.
Igual que trazaste neuronalmente el camino hacia la tristeza y la apatía, comenzaras a trazar una nueva ruta neuronal. Químicamente tu cuerpo restablecerá su equilibrio.

Ante la pregunta inicial “, no consigo animarme ¿es grave?”, la respuesta es SI.

Es grave hacer crónicos los pensamientos tristes, no darnos cuenta de cómo nos perjudican y no saber estar de buen humor. Es grave perder la alegría de vivir. Es grave perder la esperanza y “tirar la toalla”. Es grave no considerar que a veces: tú también tienes derecho a ser el primero, tienes derecho a velar por tu bienestar y por tus intereses, tienes derecho a divertirte, a reír, a amar, a jugar, … a ser diferente, y a vivir feliz aunque el mundo se ponga patas abajo.

”No puedes impedir que el ave de la tristeza vuele sobre tu cabeza, pero puedes impedir que anide en tus cabellos.” (Proverbio Chino)

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10 comentarios en “NO CONSIGO ANIMARME ¿ES GRAVE?

  1. Me encanta este articulo y me gusta especialmente donde dices … . Pedir es un acto de humildad, pedir supone reconocer tu vulnerabilidad y tener esperanza.
    Me atrevería a añadir que pedir es un acto valiente de no resignarse, no rendirse y no ser orgulloso, si no te atreves a pedir, pierdes seguro, ya sabes que yo siempre digo que el que no llora no mama.

    1. Muy bueno el articulo ,sin lugar a dudas hay situaciones y momentos en que nos desanimamos , somos humanos , tenemos sentimientos, pero si somos capaces de levantarnos, eso nos hará mas fuerte , por supuesto que es importante pedir ayuda, es lo más sensato y al final veras que la vida es bella y vale la pena,

    2. En el acto de pedir entiendo que hay un gesto de valentía, y no sólo de transmisión de nuestra vulnerabilidad (debilidad lo consideran algunos). Pedir a alguien un cambio es incómodo (aunque quizás útil para su desarrollo) para quien lo recibe, acostumbrado a hacer las cosas siempre de la misma manera, y podemos recibir una incómoda negativa. Pedir ayuda o un favor, es un acto de valentía y sentido común al reconocer que somos seres sociales interdependientes y necesitamos la ayuda de otros. A veces estamos en disposición de dar y otras de recibir, así me parece la vida. Gracias Usepe por tu comentario.

    1. La primavera no es el mejor momento para mejorar el estado de ánimo. Los sintomas se agravan con la astenia primaveral (falta de energía, cansancio, decaimiento). La fatiga intelectual, la dificultad de concentración y los trastornos del sueño, la memoria y del apetito son otras de las molestias asociadas a este estado. No te asustes por tanto si estos días estás peor que de costumbre.
      Cuidate especialmente estos días, lleva una vida más tranquila sin abandonarte pero sin exigirte. Y si crees que no es suficiente, acude a un especialista. Ánimo! lo que te sucede es trasitorio y lo superarás con la ayuda adecuada, a veces es que nos despistamos conla vida. No sé si eres creyente, disculpa si no es así, pero al margen de eso, Facundo Cabral tiene un discurso sobre esa teoría del despiste que quizás te guste escuchar, es interesante: https://www.youtube.com/watch?v=5TxpWWkCnxA

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